sábado, octubre 16, 2010

Road trip

Circunstancias profesionales me llevaron a Nueva Orleans en Agosto de 2009, a pesar de encontrarme en período vacacional. Me había prometido evitar siempre los congresos durante las vacaciones, pero algunas veces no hay escapatoria.

La llegada fue un tanto desordenada. No era mi primera vez cruzando el charco, así que en cierta medida tenía experiencia en la paliza de veinte horas necesarias de viaje para llegar al destino desde Gran Canaria. Había organizado un transporte para llevarme hasta el hotel desde el aeropuerto, pero una vez en el mismo el cansancio me hizo quizás desconectar en exceso. Eran como las nueve de la noche, e cuerpo pedía comer y cama, por las horas de diferencia con casa. Me registré, y salí a comer algo acercándome a a la renombrada Bourbon Street. Quizás fuera el embotamiento del viaje, pero la primera impresión de la famosa calle no se pareció a lo que esperaba. La calle olía a horas de marcha, y en ella se mezclaban tiqueteros que intentaban convencerte para acceder a su local, junto a locales de live sex. La imagen de la cuna del jazz se quedó reducida a una calle para marchones de turistas.

Con el cansancio y ante la falta de ofertas más apetecibles, comí en algún fast food para olvidar, antes de volver buscando la cama del hotel, y pasar junto a una banda que en la calle animaba a los dichosos turistas.

No sería hasta el día siguiente por la tarde/noche cuando me dí cuenta que me faltaba el pasaporte y no aparecía. Recordaba haberlo mostrado en la recepción del hotel, pero no conseguía visualizar su devolución. En el hotel, no es que se preocuparan en exceso, pero al menos gracias a internet pude encontrar para mi fortuna que hay consulado en la ciudad. Tras llamar a esas horas al número de contacto, me atendieron muy amablemente que debía denunciar su pérdida, para poder proporcionarme un salvoconducto con el que volver a España. Preferí no imaginar lo que hubiera tenido que hacer en un país enorme como EEUU, si en la ciudad no hubiera un consulado.

Al preguntar en la recepción por la comisaría, la chica tampoco estuvo muy sembrada en su indicación al decir que podía ser un poco peligroso ir hasta la comisaría al ser de noche. La que me indicó estaba a cierta distancia (luego sabría que había una mucho más cerca de Bourbon Street, en pleno barrio francés). Pese a todo, me acerqué y allí me redirigirían a la comisaría más próxima al hotel. Por cierto, preciosa. Tras realizar la denuncia le pregunté a la policía que me atendió por un lugar donde fueran a comer ellos, y esa noche sí que pude saborear la comida creole en pleno barrio francés.


Tras estos primeros días en Nueva Orleans, incluyendo la visita al Preservation Hall y ya con el salvoconducto en mano, pude emprender mi viaje por carretera. Tras el Katrina, el museo canario próximo había sido devastado, por lo que opté por no acercarme a ver la tristeza tras la catástrofe, sino dirigirme hacia San Antonio de Texas, buscando la historia de los canarios que la habitaron en sus inicios.

Ya simplemente las carreteras son un espectáculo saliendo de Nueva Orleans. Con mi cochito recién alquilado, del tamaño más económico, que en Europa se convertiría en un gran coche, surqué aqueñas carreteras en dirección hacia Houston como primer destino circulando por aquellas zonas elevadas sobre los "pantanos". Autopistas con kilómetros de puentes, y si no era así, con una anchura impresionante para un pobre canario acostumbrado a las limitaciones de espacio. Haciendo kilómetros y poco antes de llegar a Houston ceno en una de las habituales zonas cerca de la autopista encontrando la típica cafetería de las pelis. En la carta escojo la versión, según la misma carta, menos calórica de un sandwich (cambio las papas fritas por ensalada), pero al final da igual, obtengo ambas cosas.

Entrar en estos locales parece llevarte a cualquier película norteamericana. Todos parecen están cortados por el mismo patrón. Generalmente señoras de mediana edad tras la barra, intentando rellenar la taza de café, y que atienden con sus comentarios. "¿De dónde vienes? "De España" "¡Qué cool!" Y no dicen nada más. Asumía que por que no conocían nada del sitio del que venía. En el mismo aparcamiento de la cafetería, ya un hombre me ofrecía un precio más alto por la gasolina que llevaba yo en el coche, y me enseñaba el manguito con el que esperaba sacarla. Mientrras yo pensaba "¿Cómo? ¿Por qué no va a la gasolinera que está enfrente?"

Pasado Houston y la visión nocturna de su iluminado downtown desde la autopista, encuentro un motel de carretera donde pasar la noche, que pese a su aspecto espartano me permitió conectarme a la red.

Al día siguiente alcanzaba a media mañana San Antonio, antes me sorprendían muchos nombres
de localidades de origen germánico antes de dar paso a las de origen hispano. Una vez en San Antonio, lo primero que hice fue acercarme a la misión Concepción, la mejor conservada, donde amablemente me dieron muchas indicaciones cuando les pregunté por el origen canario de la ciudad, y me sugirieron acercarme a la catedral de San Fernando y al museo que en ella se encuentra. Ya que estaba todo cerca del centro, tras dar unas vueltas localicé una zona donde dejar el coche por un módico precio (pagado a través de un buzón). Ciertamente el centro de la ciudad no resultó muy complicado para manejarse por él en coche, de alguna forma me orienté bastante bien.

Así que me acerqué a la catedral, al Álamo (abarrotado de turistas locales), y poco después tras ver las zonas más comerciales, me acerqué hasta la zona del mercado donde en la misión me habían recomendado un lugar para comer de nombre entendido por mí "Metiera". Yo pensando en lo que tendría que ver Meteora con San Antonio. Era la entonación gringa del nombre "Mi Tierra". Un espectacular restaurante tex mex, donde la cola era impresionante y no te daban número sino un aparato que vibraba cuando era tu turno. Tras el homenaje junto a la margarita y el posterior paseo, emprendí el camino hacia Arkansas, donde esperaba acercarme a alguna zona de montes y bosques. Esa noche dormiría cerca de Dallas en un nuevo motel mas chic, pero con wifi de pago. Por cierto, desde el avión me había sorprendido muchísimo lo verde que es Texas, al menos en esa zona.

Por la mañana observé que me había desviado unos 30km, y tuve que volver hacia atrás, viendo de nuevo los macronudos de carreteras del estado. En Arkansas, observaría que éstos tienen poco que ver con Texas.

En la frontera con Oklahoma aproveché la oficina de turismo para preguntar por parques nacionales y me recomendarían una ruta hacia las montañas Ozark. De paso aprendería que Arkansas la pronuncian algo como Árkansa. Me acercaba a zonas más despobladas y llegué apreocuparme por la presencia de una gasolinera, pero al pararme y esperar que pasara un coche, era notable lo amables que eran con aquel personaje que hablaba un inglés raro. Esa tarde disfruté mucho con las preciosas carreteras por sus hermosos bosques.

Se me hacía tarde como para llegar a Eureka Springs así que decidí llegar hasta Huntsville que aparecía marcado en el mapa. Bueno, sólo un motel, pero al no conocer, siendo ya algo tarde tampoco era plan rechazarlo. Probablemente el más viejo de todos en los que estuve y también el más caro y con más reglas. ¿Fuma? ¿bebe? ¿Le gusta la comida mexicana? Lo cierto es que el hombre tenía el típico aspecto de las películas del personaje fundamentalista religioso, o quizás lo confirmé cuando ví el gran cartelón religioso que presidía el aparcamiento. Pese a ello, luego cuando busqué una wifi, y encontré una protegida con nombre del motel y le pregunté, no se cortó un pelo en decir que no tenían wifi, y que fuera al pizzahut de al lado a conectarme.

El pueblo un desierto, y buscando algún local diferente a los fast food, al final me no hubo forma de escapar y si quería comer algo tenía que ser un fast food, y a falta de gente en la calle, era imposible encontrar otra cosa.

El día siguiente me acerqué a las cercanas zonas del río Búfalo, por sus posibilidades de hacer hacer alguna excursión en canoa por el río. Antes descubriría con pena que dormí a escasos 15km de un lugar donde por las tardes iban a pastar los alces. En la coqueta Ponca me indicarían que la escasez de agua impedía las excursiones, y algunas rutas para hacer a pie, y desaconsejaron la canoa por la falta de agua. Así que me encaminé al Point Whitaker. Preciosas vistas, y me encontré con una familia que hasta sabían algo sobre España. Me sugirieron el baño en el río en un lugar genial de paredes espectaculares. Y luego, poco antes de que cayera una tormenta de verano, continué mi camino hacia Mountain View, la capital mundial del folk (!). Al menos en las guías.

Allí tuve uno de los episodios más curiosos. Al coger habitación pregunté por la distancia al centro
y la mujer que regentaba la recepción me aseguró que serían 10 min a pie. Descubriría que ella seguro que no lo había hecho nunca. En mis bastante más de diez minutos a pie, mientras miraba asombrado algo que parecía una gasolinera, pero donde servían en lugar de gasolina fast-food (sonic es el nombre) un coche se detuvo a mi lado preguntando por mi destino, y si necesitaba que me llevara. Agradecí el ofrecimiento pero lo rechacé, pero la conductora, mientras su bebé me miraba desde el asiento trasero en su sillita, hizo una ostentosa maniobra con el coche para insistir. Así que no pude evitar aceptar y dejé que me llevara ... apenas quinientos metros hasta el centro. Básicamente en Arkansas si te ven caminando piensan que necesitas que te lleven, y se ofrecen.. Luego me dirigiría a la biblioteca donde a pesar de estar cerrada, la guía aseguraba que podría conectarme a la red.

Esa noche pude comer en el méxicano que estaba abierto, y donde me miraron como a un extraterrestre cuando les pedí una margarita. "En este county no se vende alcohol" O sea que marcha, nada de nada añadirían.

Al día siguiente visitaría las impresionantes cuevas de Blanchard, disfrutaría de algunos senderos próximos a Mountain View, y el correspondiente baño en el White River. Llenos por cierto de telas de araña, y donde me sorprendería una torguga en medio del camino. Por la tarde emprendía camino hacia el sur, ya que no me quedaba tanto tiempo hasta la vuelta hacia España. Autopistas anchísimas, pinos sin parar, y motel en Dumas.

Imagina mi cara cuando me tumbo en la cama y descubro el espejo en el techo ... El encargado estaría al día siguiente encantado cuando vió mi DNI, de España y viviendo en la calle Portugal, me relató parte de su viaje a Europa de juventud.

Seguiría ya camino junto al Mississipi, enormes carreteras, plantaciones y puentes. Un T-bone, junto a una señora de gran peso frente a una enorme bandeja de papas fritas y hamburguesa. Llegaría tarde como para visitar las plantaciones cercanas a NO, y ya me quedé en un hotel junto
a aeropuerto con piscina y relax antes del vuelo de vuelta.

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1 Comments:

Anonymous Fabio Varesano said...

Muy interesante Modesto! Ahh... cuanto me gustaria visitar los EEUU! Saludos desde Italia.

Fabio.

10:26 p. m.  

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