domingo, diciembre 25, 2011

Improvisando senderos en los Alpes


Tras pasar unos días en la Italia más meridional, quedaban días de vacaciones y dentro de Italia, las ganas tiraban hacia Alpes. Barajando las conexiones desde Palermo, Milán aparecía como el aeropuerto de destino más económico, así que nos fijamos como destino el Valle de Aosta, que permitía además echar un ojo a algún tramo del mítico UTMB apenas un par de semanas antes de su celebración, a la postre incompleta, en 2010.

Significaba pasar del calor de Agosto siciliano al verano de montaña, siempre más variable, inesperado y con posibles sorpresas. Luego recordaría que en apenas una semana había pasado de entrar en una iglesia a sentir algo de fresco en Modica, a entrar en Aosta en un día lluvioso a coger algo de calor.

Tras aterrizar en Milán al acabar la tarde, la búsqueda de un alojamiento a medio camino nos llevaría a la coqueta, tranquila y agradable villa que acoge al Ostelo Verbania junto al Lago Maggiore. Según el mapa además del encanto del lago tanto de día como de noche, se veía incrementado a mis ojos por el Parque Nacional Val Grande. Una pequeña excursión puede ser acercarse a Cicogna, incluso la carretera de llegada, con unos 8 kilómetros estrechos y tortuosos suponen un atractivo. Si acudes sin mapa allí mismo podrás encontrar una oficina de información, que proporciona lo suficiente como para hacer alguna pequeña ruta. La opción escogida fue ir hasta Pogallo, pero en un recorrido circular que nos dirigía en ascenso primero hasta casi 2000 m hacia la Cima Sasso, para luego descender a Pogallo y ya retornar por el estrecho valle. El día no se decidía a abrir y finalmente optamos por no llegar a la cima, dado que la niebla, presente a cierta altura, no prometía ver gran cosa. Tras el solitario paseo por la parte alta, la zona del valle con su historia partisana y de antigua explotación madedera. Un acogedor comienzo de la semana que se presentaba senderista.

La improvisación al día siguiente nos llevaría a Macugnaga, al pie del Monte Rosa, una transitada estación de esquí en invierno, y también con mucha mayor presencia humana en verano que Val Grande. Con nuestras zapatillas de verano, escogimos subir hasta el refugio Zamboni y dependiendo el tiempo quizás ver los lagos cercanos, con la esperanza de que no cayera agua y que las nubes no estuvieran siempre presentes y dejaran no solo intuir las moles imponentes que circundan el circo. Por suerte desde donde no llega el telesilla, los caminantes casi desaparecen, impresionante atravesar la morrena, el propio glaciar, y las fugaces apariciones de las moles de más de 4000 metros. Ya por la tarde y a la búsqueda de algún lugar para cenar, rodeamos el lago hacia Lugano, y tomamos un desvío antes de llegar hacia Santa María Maggiore, me sonaba de algo (ignorante de mí luego sabría que es una de las catedrales de Roma), por una enrevesada carretera. Al llegar el éxito fue escaso, la cocina cerraba a las 20 horas y llegábamos tarde. Nos quedaba la opción Lugano, aunque ya parecía complicado. Por suerte llegando a Re, sin saberlo, apareció un cartel de la Trattoria Gargino, donde gracias a que estaban celebrando una especie de bingo, la cocina estaba abierta. Polenta y carnes de caza. El impresionante santuario de Re que surge de repente en la oscuridad, cruzar la frontera por un puesto sin control, al menos a esas horas, parar a un muchacho que hacía dedo y que lo primero que decía era algo como "Escusad mi mal olor, pero soy pastor y llevo varios días con las vacas", fueron el resto de experiencias del día.

Al día siguiente tocaba entrar ya en el Valle de Aosta, siguiendo con la improvisación acabaríamos encontrando alojamiento en otro albergue juvenil, esta vez La Batise en Bionaz, a casi 2000 m de altura. Realmente recomendable tanto el estupendo albergue, Vallepine es un valle tranquilo, con abundancia de senderos, vistas espectaculares, y el queso fontina. Leería además el tour del Cervino/Matterhorn, que toca la parte alta del valle. La cena agradable y rústica en Lac Place Moulin (32€ 2pax), junto al embalse.



Además de las excursiones tanto cortas como largas en el propio valle, nuestro primer intento fue acudir Cervinia, con el objetivo de tener suerte y ver esa preciosidad de montaña, el Cervino, y caminar unas horas. En la oficina nos avisan de la amenaza de lluvia, pero con el recién adquirido mapa, evitamos el teleférico, y para disfrutar la subida, nos curramos la subida (y luego la bajada) pasando por Breuil hasta el Theodulpass algo por encima de los 3000 m. Por suerte no llovió, y las nubes nos dejaron ver el pico en algún momento. Grupos de senderistas camino a Zermatt o que llegaban a Cervinia. Con poco abrigo, y las playeras de verano, no se podía seguir (tampoco era la intención). El camino continua por un glaciar hacia Zermatt y aconsejan contratar guía.


Al día siguiente el mal tiempo apareció, por la tarde además arreció la lluvia, fue un día de carreteras. En días así, toca descubrir paisajes por carretera. Sugiero el paso del Gran San Bernardo, y visitar Courmayeur y Aosta. Las nubes impedían ver algo hacia arriba, y sería divertido encontrar numerosas caras del albergue en Aosta. Cenita rica en Le Pèlerin Gourmand en Aosta.


Esa noche nevaría por encima de dos mil metros, y te puedes imaginar el espectáculo del paisaje a la mañana siguiente cuando aparece el cielo azul y los picos manchados de blanco desde la ventana de La Batise. La elección de día fue hacer una ruta en el mismo valle que tocaba el tour del Cervino y nos llevaba de nuevo hasta la frontera suiza a 3000 m de altura en el paso del Col de Collon, en cuyas proximidades está el refugio Nacamuli. Paisajes espectaculares para los ojos de un canario, nieve fresca que se apresuraba a derretir, aumentaba el caudal de los arroyos, pero permanecía conforme se ganaba altura. Alguna marmota, e incluso una familia de íbices. Conforme nos acercábamos al refugio, los arroyos empezaron a ser algo más incómodos de pasar, sobre todo por el interés en no mojar las playeras, dado que tardarían en secar con la cada vez más presente nieve. Viendo ya el refugio, el paisaje nevado era genial, pero nadie había pisado el sendero y era imposible no mojarse los pies con la nieve. Cuando pensábamos volver, aparecen dos senderistas del albergue con botas y podemos usar los huecos que dejan sus pisadas, hasta un punto en que ya ni así. Media vuelta y a seguir disfrutando del paisaje. Llegaríamos a tiempo de la fiesta del pan con polenta, salchicha y queso del pueblo.


El último día en la zona se lo regalamos a tour del Mont Blanc, nos dirigimos de nuevo a Courmayeur, y tuvimos suerte con el tiempo para hacer un trecho del TMB. Nos dirigimos al refugio Elisabetta tras conseguir un mapa en la oficina de información. Subidas, sol, gente retozando, y mucha gente en la zona del lago en la parte alta, se nota que se puede llegar en teleférico. Las zonas más tranquilas vendrían luego, ya sin acceso en teleférico, con impresionantes vistas del Montblanc. El descenso vertiginoso, donde de nuevo aparecieron as marmotas, nos llevaría al lago Combal, donde optamos por no seguir y regresar a Courmayeur. La vuelta por ese sendero marcado tiene zonas de carretera, que son realmente muy incómodas, no pude entender que la marcaran en el mapa como recomendable, siendo peligrosas por los conductores. Cena en el agriturismo de Nus, menú fijo, rico Maison Rosset (60€ 2pax).


Tras el valle unos días con amigos cerca de Milán. Siempre es una suerte contar con sugerencias locales que te llevan lejos de los circuitos. Excursiones a pie desde Brunate al Monte Boletto, con panorámicas del lago di Como. El espectacular monasterio de Certosa di Pavia, la llamativa plaza de Vigevano, y las más conocidas vistas de Milán con su duomo (merece la pena desde la terraza de la Rinascente) y las noches junto al Naviglio.

Esta vez tuve además la ocasión de hacer una breve parada de mi vieja conocida Génova. Ciudad menos transitada por el turismo, pero cuna del pesto, con su famosa focaccia genovesa, dicen que ciudad natal de Colón, quizás pero seguro que de muchos marinos, su variopinto centro histórico llenos de callejones con mayores y menores sombras. Y quien por allí esté y además quiera caminar debería conocer los senderos del promontorio de Portofino, y los más nombrados de Cinque Terre.

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2 Comments:

Blogger Toni said...

Vaya viaje Modesto. Pinta genial con lo que cuentas y esos paisajes. Gracias por compartirlo ;)

Saludos.

10:56 a. m.  
Blogger Patti said...

fantástico blog! le felicito!

8:23 p. m.  

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