lunes, enero 19, 2015

El valle de Viñales

Fue hace algo más de un año, a finales de 2013, pero con las noticias recientes sobre conversaciones con EEUU, se queda uno pensando todo lo que cambiará. 

Lejos del estrés de La Habana, donde ser turista en su centro puede llegar a ser una losa, quisimos acercarnos al renombrado valle de Viñales (y patrimonio de la humanidad) a pasar unos días en el interior. 


Para trasladarte ya estás segregado en una guagua para turistas, y la llegada en sí resulta ser un momento álgido en Viñales ya que las familias tienen huéspedes es probable que acudan para evitar que se los levanten. Habíamos reservado una habitación con una familia, y dado la palabra por lo que tuvimos que decir no varias veces.
 


El turismo parece estar cambiando la población, gran mayoría de las casas tienen el permiso para alojar, y se nota la continua actividad, renovando y poniendo coquetas. Si a finales de 2013, el precio habitual por una noche rondaba los 20-25 CUC (20-25 dólares), que viene a ser el sueldo aproximado de un médico, está claro que estos ingresos suponen un gran alivio para la supervivencia de las familias. Pese a todo, tener dinero no siempre quiere decir poder acceder a productos. Sorprendía escucharles que las casas, rindiendo como estaban rindiendo, podían venderse por 90000 dólares.

El valle en sí es además espectacular, con su verdor y sus particulares mogotes, que decoran el paisaje. Aún recuerdo el paseo de la primera tarde, que tras que nos sugirieran ir por un camino, de repente aquel verdor exuberante y aquella luz me hicieron pensar que el paraíso debía ser similar ;)


Además de al tranquilidad de la que disfrutarás, tienes opciones de excursiones (a ritmo local) en las cercanías. Si te alojas con una familia, te lo pondrán sencillito, te ofrecerán posibilidades para cenar (incluso lo no permitido), y además te organizarán las actividades. Con el tiempo que tuvimos, además de pasear por libre, nos inclinamos por una excursión a caballo, sin que falte el coco loco, finalizando en la plantación de tabaco y probar el puro; visitar Cayo Jutías (nos tocó un día no tan soleado); y la visita a la caverna de Santo Tomás (no la del indio la más visitada en la que te suben en barca). 


En el Cayo, por si tenía dudas, me quedó clarito lo que significa sobrevivir. Ingenuamente había pensado durante el traslado si se podía pescar. "Aquí todo está prohibido", me contestaron. Por eso me sorprendieron lo que parecían barcas a lo lejos, y que poco después pude ver que eran pescadores sobre neumáticos que se adentran kilómetros para obtener los necesitados ingresos extras.


El acceso a la cartografía me resultó escaso, pude ver un mapa con cierto detalle en el centro de interpretación (cofinanciado por el gobierno canario) al que saqué una foto y utilicé para caminar por libre. La cartelería es nula, pero en general fueron muy amables al preguntar. Sólo en una ocasión nos insistía en que usáramos un de sus guías, porque nos podríamos perder o embarrar (!).



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1 Comments:

Blogger Antonio Vera said...

Muy amena e interesante la lectura Modesto. Bonitas fotos. Saludos.

12:26 p. m.  

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