No me había atrevido a visitar muchas de las zonas afectadas por el
incendio provocado del pasado verano, pero la noticia de esta semana sobre la caída del pino de Pilancones no pude dejarla pasar. Así que esta mañana subimos desde Tunte hasta la Degollada de la Manzanilla. Ya al pasar la degollada, la ausencia del porte de tantas veces visitado pino nos hacía sentir extraños. Desde lo alto veíamos su tronco yermo yaciendo pero nos sorprendía su perdida majestuosidad.

Antes de bajar por el sendero quisimos acercarnos a visitar al que creíamos pino de la Lajilla, que se encuentra en las cercanías. El que asociamos con ese nombre lo encontramos también en el suelo, sólo nos queda esperar estar equivocados.


Volvimos sobre nuestros pasos y comenzamos el descenso observando que el fuego también afectó notablemente al pino de buen porte que se exhibe pocos metros más abajo. ¡Vaya desastre! Un valle de color marrón por el fuego y los pinos esbeltos por los suelos o casi.

Ya abajo coincidimos un buen número de personas. Decir que el pino, pese a la escasa sección de tronco que aún lo mantenía, estaba vivo. El olor a resina y madera, la sensación húmeda al tocar la madera no quemada de su tocón, sus ramas verdes y con brotes, parecen demostrarlo. Sin embargo no hubo intención de quienes pueden
de ayudarlo. Sólo nos quedó un pequeño consuelo: ver los brotes de muchos pinos jóvenes, y la belleza de los almendros en flor en Tunte.