miércoles, septiembre 14, 2011

HK

La isla de Hong Kong es de un tamaño considerablemente menor que el de Gran Canaria (tan solo 80 km2). Tanto en la isla como en la región, que tiene parte continental, han optado por un desarrollo de crecimiento vertical que asombra a unos ojos de otro isleño pese a las expectativas previas de encontrar una megaciudad atestada y llena de rascacielos.

A mi llegada a las siete de la mañana, después de las tribulaciones del viaje, al aeropuerto, lo primero que llama mi atención son los paneles que alternan la información en chino e inglés, el calor húmedo del exterior, y la visión lejana de algunas torres organizaditas y agrupaditas junto a unas colinas no tan suaves.


Durante la espera gracias a la incompetencia de British Airways con mi equipaje, y esperando el transporte que me llevaría al hotel, fue ver que los precios de las botellas de agua en el aeropuerto no eran excesivos. Pensé, si aquí cuestan esto, en la ciudad costarán aún menos. Me equivocaba, los precios eran similares, al igual que en restaurantes. Una estrategia de venta muy diferente a la de los aeropuertos que uno visita más a menudo.

En el trayecto al centro en guagua, comienzan a verse más de cerca las torres de viviendas, no acristaladas de los habituales rascacielos de los centros de negocios, sino más sencillas y en las que llamaba poderosamente la atención los cientos de aparatos de aire acondicionado, que daban la impresión de ser uno por ventana.


La disposición de los edificios era realmente vertical, no se veían urbanizaciones. Llamaba la atención apreciar que alrededor de torres y rascacielos se encuentran colinas y montañas, con vegetación frondosa. Días más tarde visitaría el pico más alto, con algo menos de 1000 metros en la isla de Lantau, y ronda los 550 metros en pico Victoria en la isla de Hong Kong.

Llegaba un domingo, tras desayunar y ducharme, no conseguí conciliar el sueño en un intento de cabezada. Decidí dar un paseo, primero para adquirir algo de ropa porque después de haber salido el viernes, la maleta aún estaba por llegar (gracias British Airways). No descubro nada escribiendo que Hong Kong (HK) es una ciudad comercial, pero combina los mercados de calle que resultan más exóticos para un occidental, con las grandes torres comerciales donde un centro comercial puede ocupar una serie de pisos pero difícilmente la torre completa, como ocurre en Causeway con por ejemplo la torre comercial Times Square, frente a los callejones de mercadillos cercanos, donde lo que a primera vista parece una tienda de frutos secos, resulta vender muchas más cosas secas que simplemente frutos secos, o las pescaderías donde nada parece estar muerto, infinidad de pequeñas bañeras muestran el producto.

Mayoría de población china en las calles, tranvías que daban un sabor añejo, y en horas punta infinidad de personas cruzando por los pasos de peatones. Sabías que querías cruzar, pero con el muro de gente que caminaba en dirección contraria parecía casi imposible. Menos mal que era más alto que la media ...

Pese a que el transporte público es muy bueno y no caro, pudiento sacarte fácilmente la tarjeta Octopus, recargable y válida para hacer algunas compras. Olisnear en una ciudad me inclina a hacerlo a pie. Caminaría luego hacia Central, pasando cerca del palacio de congresos junto una de las paradas del Star Ferry (recomendable para cruzar a Kwoloon, o a la inversa, barato y permite tener otra vista de la ciudad).



En las zonas céntricas las torres acristaladas están a menudo unidas por pasarelas que facilitan el tránsito a pie en zonas de mucho tráfico. Se notaba el calor en mi trayecto hacia Central. Empezó a llamarme la atención la cantidad de personas que en las plazas y pasarelas hacían picnic, charlaban, jugaban a las cartas, organizaban coreografías, o incluso cantaban. Ya en Central había calles cortadas con cientos de personas, mayoritariamente mujeres, disfrutaban de su tiempo de ocio. No eran chinos, luego sabría que los domingos el personal de servicio, mayoritariamente filipinos, libra y se reúne en esa zona.

Por la noche sería la recepción del congreso que me ocuparía durante la semana, pero en el camino de vuelta hacia el hotel, a pesar de que el sueño del cambio horario se hacía muy patente, me acerqué a ver el skyline nocturno de Kwoloon, desde los aledaños del palacio de congresos.

El resto de los días, conocer la ciudad se limitató a las horas de la tarde y al fin de semana. El lunes usé por primera vez el Star Ferry para acercarme a Kwoloon. La zona de la ciudad en el continente. Desplazamiento con los ojos muy grandes viendo caer el sol,. Eso sí, ver el agua de cerca no daba ninguna gana de bañarse. Llegar a Kwoloon te hace descubrir multitud de zonas comerciales más. ¡Uf! Con otros colegas esperamos al espectáculo de luces. con los rascacielos en el paseo de las estrellas.

Luego tendría mi primera experiencia comiendo noodles japoneses en sopa con palillos (en un local de lo que parece una cadena, Ajisen Ramen), y el primer vaso de agua tibia al sentarme. Ese día como era opaco pensé que sería una infusión ligera. Aún no tengo claro la costumbre, me daría cuenta días más tarde cuando tras regresar de un pateo con mucho calor, aluciné al comprobar que no me servían agua fresca sino tibia ...

Si tienes tiempo en esa zona, no dejes de visitar el mercado nocturno de Temple Street. Aunque sólo estés curioseando cabarán haciéndote regatear, parece imposible escapar ...


Yendo hacia el norte desde Jordan street, la siguiente intersección tenía mucho ambiente para comer y tomarse una cerveza, y como turistas junto a locales acabamos comiendo pescado frito en el local llamado Spicy Crabs (quizás) con palillos y cerveza San Miguel de HK.

Por toda la ciudad, alejándose de los macro centros comerciales, los negocios parecen ir por zonas, barrios con tiendas de animales, electrónicas, de flores, mercado de jade, eso sí, no parece existir una manzana sin tiendas.


Pero Hong Kong ofrece mucho más que la ciudad y sus tiendas. Aprovechando que me quedaba el fin de semana, investigué por las posibilidades de hacer trail, y no son pocas. En realidad hay gran cantidad de orografía protegida que ofrecen al visitante zonas natural que quizás nadie que no ha vititado HK lo asume de antemano.

Son cuatro los trails recomendados en Hong Kong: Lantau, Macleose, Wilson y Hong Kong. Una página que me sirvió para conocer detalles de los distintos recorridos es la de Roz. El cuarto de ellos recorre la isla de Este a Oeste a lo largo de 50 kilómetros repartidos en 8 secciones, imagino que por las posibilidades que las misma ofrecen de acercarse por medio de transporte público.
En mi caso pude recorrer la etapa 3 del Lantau trail y hacer completo, en dos partes, el HK trail.
En las secciones que pude realizar de Lantau y Hong Kong, destacan las vertiginosas subidas y bajadas que están habilitadas frecuentemente con escalinatas. En esas zonas probablemente si no existieran, la vegetación y las lluvias dejarían impracticables los senderos rápidamente.



El pico más alto, con algo menos de 1000 metros en la isla de Lantau, debe ofrecer buenas vistas en días claros, ... en mi caso no tuve esa suerte. Con el objetivo de caminar/trotar un poco tomé el metro hasta Tung Chung y como buen turista el teleférico (hay guaguas) hasta Ngong Ping, donde se encuentra el buda de Tian Tan. El plan era visitar un poco y luego hacer un trozo del trail, teniendo en cuenta que no disponía de linterna.


La subida hasta el pico desde el buda, pese a ser corta, me hizo sudar la gota gorda por la humedad ambiente. El recorrido si bien solitario se caracteriza por ser en numerosas partes escalonado y no contar apenas con vegetación de porte. Cuando llegaba al cruce de la carretera, era algo tarde y no me aventuré a cubrir otro sector sin disponer de un frontal, así que decidí seguir la carretera y dirigirme hacia la estación de metro den Tung Chung. Por cierto, las carreteras que me encontré siempre tenían una buena acera que permitía no tener que esperar por la guagua (por cierto bastante frecuente) sino incluso echarte a trotar en el descenso. La única sorpresa, las vacas pastando junto a la carretera de no precisamente poco tráfico. Ya en las cercanías de la población aparecen enormes torres y el consecuente centro comercial anexo. En este en concreto me resultó bastante complicado comunicarme en inglés, en realidad no me encontré con otro occidental hasta que más tarde llegué a la estación de metro.


Aprovechando las buenas sensaciones que corretear por las islas me produce, y una vez que ya hemos probado a buscar competiciones cuando estamos por ahí (Etna),

El HK trail es más corto, 50 km, estando su punto intermedio a no tanta distancia del centro. Vamos que te lo puedes hacer como calentamiento. Antes de volar hacia HK busqué posibles carreras para los días que estaría allí. Eran varias las convocatorias, y por suerte encontré una, que si bien era corta, era en subida, lo cual me motivaba: en la Victoria to Peak Challenge.

Aproveché la prueba, para arrancar el día primero con la subida desde el puerto Victoria al pico (aquí el enlace a la minicrónica). Tras el opíparo desayuno, siendo apenas las 10 de la mañana, mi plan era intentar continuar esa mañana y hacer el primer sector del Wilson Trail hasta Stanley. Pero preguntando en la meta de la carrerita me comentaron el inicio de ese primer sector del Wilson Trail estaba lejos. Me recomendaron hacer 25 kilómetros del Hong Kong Trail (o coger un taxi). Opté por cambiar uno por otro, y tras recoger la mochila, con agua y algo de avituallamiento, me dirigí a seguir la señalización y cubrir las cuatro primeras etapas hasta Parkview, justo en la encrucijada con el Wilson Trail, desde donde esperaba regresar a la ciudad.

Las vistas de la ciudad son imponentes desde esa zona. El recorrido posteriormente es bastante sencillo, sin embargo, a pesar de la abundante señalización tuve un par de despistes, o quizás se deba a que en ocasiones la señalización no indica que estás en el trail sino hacia lugares, que pueden ser intermedios o no, y de los cuales los nombres no me resultaban fácil de retener. Pese a todo, llegaría con bastante facilidad a Parkview, tras pasar numerosas zonas de parques, otras asfaltadas, de tierra, otras más solitarias, con vistas al puerto de Aberdeen y el cementerio. (Posteriormente viendo alguna escena de Tom Raider, aseguraría que fue rodada justamente allí), y una subidita en la parte final cuando ya en calor exageraba estaba buscando donde refrescarme. Una gasolinera me daría la oportunidad de hacerlo en Parkview, con una económica lata de San Miguel de medio litro con anilla como las de antes. Fue lo suficiente refrescante como para considerar que ir hasta el hostal donde me quedaba el fin de semana (y donde aprendería lo que es una habitación sin ventanas) en la céntrica zona de Causeway. Tenía curiosidad por averiguar si era sencillo llegar al centro a pie. Realmente no fue complicado, diría que un 97% con acera. Me pareció tan sencillo que al día siguiente haría el recorrido inverso para continuar con la segunda parte del trail.

Las últimas 4 etapas fueron mucho más calurosas. Con más caminantes, los locales mayoritariamente escuchaban música (sin auriculares), las mujeres que portaban parasoles y escasos corredores chorreantes por el calor. En cuanto a paisaje quizás fueron los últimos dos sectores del día los que más me agradaron. El sol apretaba, por suerte comenzaron a surgir algunos arroyos y acabaría metiéndome por completo en uno con la compañía de una libélula. Hasta ese momento había procurado no beber agua no embotellada, pero el calor lo impidió, suerte de los arroyos. Este tramo tiene más subidas y bajadas, y antes del trozo final se dirige hacia el mar a una playa en Tai Tam Bay. Con el calor que hacía iba con la idea de meterme en el mar, pero llegar allí, y no ver a gente en el agua me dio mala espina, y opté por continuar hacia el destino. Viendo en googlemaps lo que hay al lado tras un recodo de la costa quizás tenga su sentido).

Seguiría el sendero con una subidita, donde tuve una pérdida importante sin percatarme ya que de repente observé que según la señalizacion iba en sentido contrario (!). Ni me enteré de haber cogido aparentemente un atajo. Es la zona más al Este de la isla, y la playa que se ve abajo sí tenía bañistas. Sin embargo, las ganas ya estaban bajas y apetecía más buscar líquido. Así que en lugar de llegar hasta Shek O, me dirigí a Wai Chan. En el camino debía pasar por un cementerio (curioso a los ojos de un canario). En la puerta pregunté por la estación de metro, y como era lógico me dirigieron hacia el centro comercial desde el que acceder a la estación. Sancochado entré en el centro comercial refrescado a base de aire acondicionado donde primero me dirigí a un supermercado a reponer líquidos. Compré un curioso zumo de aloe de 1 litro que entró divinamente, a lo que siguió una cerveza mientras comía en un local del centro comercial, donde era el único occidental. Mi experimento no me dejó nada encantado .... El plato que escogí no lo recordaré por lo agradable que me resultó, en particular digamos medio huevo duro. Ya fue raro morderlo y encontrarme con la cáscara (era blanca y mi sensibilidad con los palillos es escasa), pero el sabor fue realmente diferente y no precisamente atractivo. Tras la experiencia culinaria optaría por coger el metro hacia "casa", darme una ducha y luego meterme en la marabunta de personas comprando en Causeway Bay.



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martes, julio 19, 2011

Corriendo por ahí: Victoria to Peak (VTP) Challenge


El otoño pasado, aprovechando que acudía a una conferencia a Hong Kong, y tras la sugerencia de Allan, comencé a buscar carreras durante los días que estaría en la isla. Lo cierto es uqe había bastantes posibilidades, pero la gran mayoría en asfalto. Sin embargo encontré una, que aún siendo corta, al menos era en subida, la Victoria to Peak (VTP) Challenge. Aunque de apenas 10 kilómetros, me he animado, con bastante retraso, a contar sobre ella por lo exótico que resulta para un pobre canario, ir a correr por esos mundos, aunque de nuevo sea en otra isla.


La carrera efectivamente pintaba diferente a lo hecho anteriormente, partía desde el Pier 9, en los aledaños de una de las paradas de Star Ferry a los pies del mayor rascacielos de Hong Kong; y recorriendo apenas 10 kilómetros por la ciudad ascendía al pico más alto de la isla, el pico Victoria. Bueno realmente luego descubriría que no era hasta el pico exactamente, sino unos buenos metros más abajo en la estación del funicular, con una más de las zonas comerciales hongkonianas, esta más reducida y conocida como The Peak, donde nos darían el buen desayuno buffet, en el coqueto y con espectaculares vistas sobre la ciudad café Deco.

Para evitar el calor y la alta humedad se partía a las 7 de la mañana. El comienzo nos llevaría a hacer un pequeño recorrido por el puerto antes de enfilarnos hacia Central y comenzar a atravesar parques, plazas, pasarelas y edificios a base de rampas, escaleras mecánicas (paradas), escaleras de caracol, etc. Los rápidos salieron ligeros y yo me apunté a mi ritmillo a la espera de que aparecieran subidas más exigentes, ya que de momento era bastante suave.


En los primeros parques aparecerían algunos repechos que decidí seguir intentando trotar a ritmo lento pero constante, superando a algunos corredores. Habría luego un descenso por asfalto y acera antes de volver empezar a llanear por varios kilómetros. El pico lo seguía viendo lejano, así que esperaba cómodo a que aparecieran los repechos.

Cuando aparecieron algunos zigzags, empecé a coincidir con un corredor que me superaba cuando llaneaba, pero al que volvía a coger cuando se empinaba. Poco después noté que optaba por seguir mi estela. Más tarde, en una zona de parque aparecía un duro zig zag con el suelo mojado de la lluvia o rocío que habría caído durante la mañana. Mi compañero de fatigas continuaba a rueda, hasta que las Cascadia empezaron a deslizar y el pie se me iba si estiraba la zancada, tuve que hacerla algo más corta, y por fin logró pasarme tras preguntarme si me pasaba algo. En realidad trotaba sin problemas pero no aprovechaba toda mi zancada.

Aún así seguía acercándome a otros competidores a los que se les atragantaba la subida. Pronto llegaría a un zig zag que daba a una calle con un avituallamiento y entendía "one forty five".


Seguía viendo el pico arriba, pero al escuchar eso pensé que quizás me avisaban de quedaba sólo kilómetro y medio. Aquello se veía llano, y ciertamente ya frío no estaba, así que sin pasarme, sin problemas de resbalar con las cascadia y al estar en llano, alargué por fin la zancada, y pude rebasar a otros corredores hasta alcanzar a un señor más veterano que me llevaba a buen ritmo mientras yo dudaba si estábamos llegando o no, porque el pico seguía estando un trocito más arriba. Me sentía cómodo y al oír murmullo na lo lejos y ver algunas expresiones, intuí que la llegada estaba allí mismo y no llegaríamos al pico sino al final del funicular, así que opté por subir el ritmo de cara al final. Entraba en meta sin tener muy claro el tiempo realizado (no llevaba reloj).


Días más tarde sabría que acabé a 17' del ganador y 11' del segundo en el puesto 49. Contento sabiendo que si hubiera piedras habría tenido más ventaja ;)


Tras el opíparo desayuno con vistas,donde coincidí con mi compañero de varios kilómetros que me decía "you are very consistent", y siendo apenas las 10 de la mañana, pregunté por el Wilson Trail, pero me recomendaron hacer la mitad del Hong-Kong trail que arrancaba desde allí mismo. Eran unos 25km sin demasiados repechos, aunque con más calor. Pero sobre los trail en HK escribiré otro día.


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miércoles, abril 06, 2011

Mi Trans 2011


Esta historia es una más de las más de 1400 historias de motivaciones, ilusiones, dudas y sudores que se daban cita este año en la TransGranCanaria. En mi historia particular suponía mi primer intento de pasar de los 100 kilómetros, y llegaba con experimentos. Dos semanas antes había conseguido por fin las plantillas con las que esperaba tener menos las últimamente habituales "molestias" en la planta de mi pie cavo. Aparecían cuando superaba las dos horas de ruta, y permanecían varios días recordándome lo que había hecho. Me daba cierto reparo porque con apenas un par de rodajes con ellas de 20 km, me iba a por el reto, pero ya sabemos que no era obligatorio finalizar. Otro experimento eran los bastones, cuando nunca antes había participado en una carrera con dos bastones. El tercero, y el que más respeto me daba, era el tema de salir a correr no después de levantarme, sino al final del día. Además los viernes en esta época del año me tocan cuatro horas de clase comenzando a las 8 de la mañana.

De las más de 1400 historias que se cruzaban con un mismo objetivo ese fin de semana, la mía y la de otros 500 comenzaba el mismo viernes. Con el panorama madrugador de mi particular viernes de segundo cuatrimestre, tras terminar con las clases, comí temprano y me tumbé para intentar echar una siesta. No conseguí relajarme lo suficiente, con lo que apenas hubo un cuarto de hora de cabezada. Ahora pienso que fue un ingenuidad por mi parte no tomar un café o una cola (llevaba años sin tomarlo hasta que tuve que hacerlo en Tunte a las seis de la mañana), antes de la salida, pero de todo se aprende.

Con el lento pasar de las horas, por fin a las diez me subía en la guagua destino a Playa del Inglés, por supuesto que incapaz de cerrar los ojos. Ambiente de salida, muchas caras conocidas, amabilidad en uno de los locales donde me permitieron vaciar la vejiga. Me sorprendía que no había apenas nervios, lo cual me hacía preguntarme si me acabaría atacando el sueño.

Pese a la aparente tranquilidad la salida es muy emocionante. Los últimos años la había visto desde fuera, donde se unen emoción y envidia, pero no es lo mismo. Tras dar el pistoletazo, los que no estábamos en las primeras filas empezamos a movernos lentamente esperando a que el grupo se estirara para poder comenzar a trotar entre los gritos de ánimos de quienes allí estaban y nosotros mismos. Casi sin darme cuenta llegó el silencio. Bueno, no era un silencio completo, pero si se compara con unos segundos antes, lo parecía. De repente estábamos a solas, una serie de figuras trotanto en la oscuridad de la playa, con nuestros respectivas luces blancas y rojas, sonido de pasos sobre la arena, jadeos y respiraciones, acompañados del sonido de las olas de la marea casi alta.

Muchos intentaban ir por el pedacito de arena mojada, si bien cada vez que una ola intentaba recuperar zona de playa, veías como la fila de corredores y sus luces rojas se movían sincronizadamente con la marea para evitar mojarse. Algunas caras y movimientos conocidos, intentaba seguir las rodaduras que los vehículos habían dejado durante el día. Las calzas de los zapatos parecían funcionar, no notaba que entrara arena. Casi sin darnos cuenta comenzamos a distinguir la zona del faro, un pequeño mal paso me hizo sentir que el tobillo derecho estaba sentido, como si hubiera tenido una torcedura reciente que no recordaba. Uyuyuy ¡Cuidadito que faltan muchos kilómetros! Llegando al paseo miro el reloj antes de quitarme las calzas, y marcaba 28 minutos. Nunca había hecho ese tramo, había intentado bajar revoluciones, pero parecía que no había ido demasiado lento.



Nuevos ánimos, sonrisas, carrera por terreno fácil y cómodo. Coincidí bastantes metros con un corredor sueco que me habló de carreras por Escandinavia. Creo que también por ahí fue una de las primeras veces que Jesús y yo intercambiamos posiciones. No lo sabíamos, pero ocurriría muchas veces hasta la llegada la noche siguiente. Saltaríamos al barranco para hacer unos metros entre los flashes y más ánimos. Por suerte el barranco ni se parecía al escenario que el año anterior había visto desde el puente. Pronto alcanzaríamos la pista que nos llevaría sin apenas pausa a Ayagaures. Alguien me diría que llevábamos alrededor de 10 km en una hora. Me sentía cómodo y tranquilo.



En la pista por prudencia los repechos los caminaba a buen ritmo, y sobre las dos horas superaba el cruce cercano a Arteara para dirigirme hacia las presas. Espectáculo de luces al coger altura. Sin prisa pero sin pausa continuaba mi trote. Creo que fue en la zona tras el último barranquillo (con animación de los allí presentes) donde me alcanzaban Esther y Pedro. Nos cruzábamos con Carlos Díaz poco después, y viendo mi cara en las fotos creo que en ese momento empecé a sentirme un tanto dubitativo en las zonas favorables. Subía con seguridad, pero al bajar tenía la sensación de estar viendo peor. Pensé que era el frontal, puede que en parte, pero antes no había tenido esa sensación. De esta forma, observaba como me pasaban poco a poco varios corredores. Sin darle mucha importancia, comiendo y bebiendo, llegaba a la presa poco antes de las 3:30. Confiaba en recuperar sensaciones en la subida.



Creo que Jesús coincidió conmigo también en esos metros, me había adelantado en alguna bajada y ahora volvía a encontrarlo. En el momento del inicio del sendero, me tiré adelante de los que allí estábamos, pensando que me lo pasaría bien subiendo. Sin embargo tras unos primeros metros en los que me notaba que me acercaba a las luces que nos anticipaban, empecé a sentir que tropezaba mucho, a la vez que detrás se iban uniendo más luces. "¿Qué pasa? Muy ligero no parece que vaya". Preguntaba si me querían pasar, y no lo harían hasta que me paraba a beber un poco mientras caían las primeras gotas. Sin embargo al ponerme a seguirlos, notaba que no iba, y seguía tropezándome, la escena se produjo varias veces, parada para ponerme el impermeable, parada para beber. Ya cuando empecé a oír mi nombre y notar que no reconocía, comprendí que algo pasaba. No era hambre, era amodorramiento. Uf, y eso que ya antes había tomado un gel con cafeína con la esperanza de que no sucediera. Lo empecé a pasar mal, no disfrutaba, seguía tropezando, pensé parar y echarme a un lado cerrando los ojos, pero llovía y no tenía sentido dormir bajo la lluvia. En Tunte podría tomar un café, pero aún faltaba y me veía ir desinflando mientras me seguían pasando, saludando (y yo abobado que no reconocía si no me decían el nombre). Pablo me daría un caramelo de café, y más tarde Jorge una gominola con cafeína. "Sígueme" me decía. Incapaz, no iba. En un trozo de pista agradecí ir con bastones porque no conseguía ir derecho, hacía eses, me iba a los lados, y los bastones me ayudaban a frenarme. Se me hizo larguísimo, pero por fin llegaba a la zona de la Manzanilla, seguía más abobado de lo normal, pero a la vez me acercaba a Tunte y el amanecer estaba más cerca. Intentaba decirme que así ahorraba energías para luego cuando despertara, pero sólo era un deseo.

La bajada a Tunte fue lenta, me sentía inseguro. Llegaría a Tunte mojado y con malas sensaciones poco escasos minutos antes de las 6 de la mañana (la foto lo dice todo). Allí nos esperaban los Conesa, un caldo caliente, todos bajo la carpa porque rascaba el frío, me tomé un café solo (nunca tomo café) para ver si despertaba. En cualquier caso parecía que veía un poco más alrededor, y hasta captaba las bromas de los que poco antes no reconocía ...



Se escucharon las campanadas. Tras comer un poco, quedarse apetecía poco por la temperatura. Saldría minutos más tarde con mejores sensaciones, sin haberme abrigado más. El aire pronto me haría sentir escalofríos al pasar junto a la iglesia, y aproveché la parada de la guagua para ponerme una camiseta térmica bajo el impermeable. Y a subir. Pensándolo ahora creo que fue el trozo de subida que más disfruté. La sensación de calorcito, ver que el cielo empezaba a aclararse, me sentía por fin despierto. Había perdido tiempo para mi objetivo inicial de bajar de las 20 horas, pero allí estaba. El final de la subida coincidí con un corredor de la Sur-Norte, y los ánimos estaban ahí. Sobre las 7 llegaba a Cruz Grande, y en la foto de Alberto Cardona hasta sonrío. Una cara muy diferente a la de una hora antes llegando a Tunte.







El amanecer y su luz embellecían el recorrido. Hasta Chira creo que me adelantaban un par de corredores y yo cogía a Alario que iba con molestias en un ojo. El resto solitario, sin prisas y teniendo cuidado con no reincidir en las torceduras del tobillo. Quizás no fueran todavía las 8 cuando cruzaba el muro de la presa, me paraba y me quitaba todo el abrigo. "Ojalá llegue el calorcito", me dije. De Chira a Soria estaba la bajadita que no es mi mayor ilusión por lo pedregosa, pero con tranquilidad llegaba minutos antes de las 8:45, sin novedad. El sol además parecía querer salir. Ya Las Niñas estaba cerca, el ecuador de carrera, y quedaba subida donde esperaba encontrarme de nuevo a gusto. Tras el caidero de Las Niñas, volvía a ver a Pablo que me adelantaba durante mi siesta en ruta en la subida del Diablo. Parecía que me funcionaban las piernas subiendo. Pasadas las 9 y media llegaba al punto de avituallamiento. Si mantenía el ritmo, estábamos en la mitad, estaba aún con posibilidades de bajar de las 20 horas.

Allí estaba de nuevo el encuentro con Jesús. Comencé con ánimos la subida, y buenas sensaciones, me pasaba De Pedro con muy buen ritmo, pero me mantenía en mi ritmillo. El ritmo con Pablo era similar, y nos acompañábamos. Quizás en ese trayecto no comí todo lo que debería. De esta forma cuando comencé a intuir el Nublo tuve sensaciones de estómago vacío. Tiré de la pella de gofio que llevaba para tranquilizarlo, pero pese a ello cuando por fin se veía a lo lejos el Nublo, noté que Pablo me iba sacando metritos, y tuve finalmente que pararme a comer a un lado del sendero. Minutos más tarde llegaría al avituallamiento de mamarrachos y mamarrachas y no podía llegar con mala cara. Conforme te acercas, el sendero se estrecha, y daba la impresión que los que habían pasado antes no eran demasiado altos porque una y otra vez chocaba contra ramas con mi cabeza.

Por fin llegaba al punto de avituallamiento. Eran las 11 pasadas, y en más optimista de mis planificaciones me imaginaba pasar por allí sobre las 10. No se habían dado las condiciones, pero excepto por el hambrilla que había sentido en los minutos previos, parecía todo en orden. Me detuve a saludar a los niños. Había sólido además, y bebí una bebida de cola para intentar que no se repitiera la modorra de la noche. Adassa me había traído la peluca roja, muchas fotos, me alcanzarían Iña y Javo a los que creía por delante. Y finalmente seguí con ellos. Los veía algo más ligeros, pero pude acompañarlos hasta el Roque Nublo donde llegábamos poco antes de las 12:30. En la bajada al aparcamiento se me escapaban, creo que aún me faltaba comida. Pese a mis deseos de apretar y llegar a Garañón, veía difícil llegar a Garañón con poco tiempo perdido sobre la una. Quizás fue un error pensar tanto en ello, porque me desanimé en ese tramo. No hacía frío, iba a mi ritmo a solas, coincidiendo a ratos con el grupo de Basilio. Algo más de una hora para llegar a la cumbre. ¡Bah! Estaría sobre las dos de la tarde en el avituallamiento. Complicado. Bajaba algo desanimado, y llegando al Corral de los Juncos notaba que el calzoncillo que había usado exclusivamente en las ultras de los últimos dos años, se estaba haciendo viejo. Las costuras me estaban rozando y pese a incluso haberme puesto vaselina antes de la salida, molestaba. Me eché a un lado, me cambié, y me volvían a coger el grupo de Basilio, al que se había unido Pablo, que aflojó más que yo tras el Nublo. Con ellos llegaba a Garañón poco después de las dos. Sabía que para llegar a meta antes de las ocho de la tarde, tendría que ir ligero, pero no lo hice. Me paré, saludé, comí una pasta bien rica, me descargué la ropa de abrigo excepto el impermeable. Vería como todos se iban y cuando ya casi me marchaba también yo, Pablo me decía si le esperaba. Habían pasado casi treinta minutos en el punto. Llegaban en ese momento Alberto y Jesús.



Tras salir las piernas parecían ir bien, había tenido alguna sensación en una rodilla, pero quizás se debía a un golpe con una roca en la zona de las presas. El sol nos acariciaba, era agradable, y tenía la sensación de que estaba hecho. Era cuestión de paciencia cubrir los cuarenta y tantos kilómetros. Como no encontraba ganas de luchar por el tiempo, le dije a Pablo, si le parecía que nos acompañásemos hasta la meta. Y así hicimos. Trotamos en zonas favorables y adelantamos a escasos corredores. No sería hasta Lanzarote donde encontramos a algunos de la Sur-Norte. Pasábamos algunos de nuestra prueba y nos pasaban otros más motivados y con ganas que nosotros. Intentaba animar a Pablo para llegar a Teror y saludar con emoción a mi familia, que me esperaba desde horas antes. Minutos antes además hablaba con Estrellita que me subía la moral y me hacía humedecer los ojos. No nos estresábamos, nos pasaba Alberto, y llegábamos a Teror cerca de las cinco y media. Íbamos lentitos. Además de la familia la acogida en Teror fue estupenda. El bocadillo no conseguí comerlo, pero se agradecieron los ánimos.

Si fresco y ligero tardaría hasta la meta algo menos de tres horas, tal y como íbamos asumía que rondaríamos las 4 si no había problemas. Pablo además se quejaba de la piel de los pies. Mi rodilla empezaba también a decir algo. No era un dolor intenso, pero decía "estoy aquí". Tras dejar Teror, se unía a nosotros Marco de Castellón. Aumentaba el grupo, aumentaba la cháchara. Trotamos un poquito en Osorio, y seguíamos con calma hasta la zona de Riquiánez, muchas comunicaciones telefónicas en ese tramo. Cubríamos caminos y todo se veía cerca, pasar las piedras del barranco y ya casi estaba. Todo parecía tranquilo, bajo control y era cuestión de paciencia. Ya se veía el mar. No me gustaba meterme en el barranco con la oscuridad, pero no se dieron las circunstancias para que todos apretáramos más. Sólo lo hacíamos cuando sentíamos frío para entra en calor. Por ahí nos pasaba de nuevo Jesús.

Serían sobre las 7 y algo cuando enfilamos la bajada hacia el barranco. Fue una sorpresa ver que estaba resbaladiza, y mucho. El trozo hasta Santidad, se convirtió en un patinaje, se hizo francamente largo. Tampoco hasta el barranco el terreno ayudaba. Al llegar al fondo para más emoción empezó a llover. Marco no aguantó más y se echó a trotar entre las piedras. Pablo y yo seguimos al ritmo. Pablo además parecía ir cada vez más tocado de los pies, como para dejarlo. La lluvia no sólo no paraba sino que aumentaba. Empezaba a pensar que llegar antes de las nueva sería complicado. Avanzábamos penosamente, hacía frío, cuando pensé en los guantes que había dejado en la mochila, comprobé que estaban empapados, había dejado la camiseta térmica en Garañón, por lo que no había más. No hacía sino escupir el agua que me bañaba la cabeza. Pablo me preguntó si estábamos cerca del final del barranco. Le mentí cuando quedaban aún tres curvas del barranco, para animarlo. Con suerte no lo recuerde ;) Cuando ya éramos todo agua, alcanzamos el inicio de la subida a Tenoya. No me sentía mal de piernas, excepto la rodilla, pero estábamos helados, por suerte la subida nos calentó un poco. Quizás aflojó la lluvia un pelín en ese momento, o quizás fuera que en la cuesta había más agua bajando y empapando las zapatillas, que la sensación parecía un poco mejor.

No tenía sentido detenerse en el avituallamiento, agua no necesitábamos y el deseo de llegar era enorme. Nos juntábamos ahí con Mónica, nos avisaba un vecino de lo resbaladizo que estaba el camino que seguía. Nos aconsejaba precaución. La lluvia volvía apretar. ¡Vaya regalo! Jesús volvía a adelantarnos.

Los senderos no estaban peor que los anteriores, y sí, resbalaban. Nos íbamos sintiendo cada vez más altos y perdiendo agarre por el barro que se adhería las zapatillas. El trozo de bajada tras la palmera fue incómodo. Y seguía lloviendo. Mientras les decía los demás que sólo nos quedaba una subidita. Veíamos algunas luces de otros compañeros de fatigas. La subida de los Giles acababa por fin con la luz de una voluntaria que allí estaba aguantando lo que caía como nosotros. Se acabó subir, Pablo dijo que corríamos o se helaba. Animamos a Mónica y nos pusimos a trotar. Se podía. Pasamos la carretera, y continuamos. Llovía fuerte, tuve que pararme a vaciar la vejiga, y les dije que siguieran. Me lancé tras ellos, entre quienes adelantábamos, entre el agua y la oscuridad creo que sólo pude distinguir a Paco porque llevaba a Colacho. Llegando a los invernaderos comencé a sentir por fin algo de calorcito. Llegamos al asfalto y ya no podíamos parar, la bajada trotando. Animamos a Jesús y creo que Marco, que se unen y con ganas nos dejarían poco después por la casa a falta de poco más de 2 kilómetros. Tras saltar la cadena parecía que incluso se me habían secado las manos. Preguntamos a Mónica si quería entrar antes, prefirió ir al "baño" y nosotros seguimos. Nos encontramos con piscinas en la carretera, pero por fin no llovía, ya todo daba igual y las atravesabas como si tal cosa, limpiando las zapatillas. Con la
pintada del último kilómetro nos paramos para llamar a meta, por fin tenía las manos secas como para manejar el teléfono. Pero no daba señal el muy cabrito. Seguimos, se me iban las piernas. Pablo me decía que esperaba, cruzaba, y las piernas se lanzaban. Tuve que frenarme, nos esperábamos, me puse la peluca, intenté ajustar el frontal. Gritaba a la meta, y el subidón de la llegada nos embargaba por unos minutos (Gracias a Miguel minuto 5:10 del vídeo).






Cerveza fría, caldo caliente, y el fallo de no haber previsto que lloviera al llegar. Como vivo cerca no había pensado en dejar bolsa de meta, y un día como ese, el frío estaba metido en el cuerpo. Comí lo que me dejó el estómago y para casa con las piernas envueltas en la manta térmica, tiritando, con la rodilla y tobillos derecho renqueantes para unas cuantas semanas. Pero eso sí, el reto conseguido en poco más de 22 horas. Seguramente con fiebre por fin en una cama, por mi cabeza pasaban programas y variables, probablemente deliraba, o bien mirado quizás lo hacía ya desde el principio de esta pequeña historia.

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lunes, enero 10, 2011

Corriendo por ahí: EcoTrail del Etna

Siendo un hábito adquirido en los últimos tiempos corretear por senderos de las islas, una vez que sales, ¿por qué no buscar posibilidades en esos lugares que uno visita?

La estrategia es sencilla, cuando sabes el lugar al que te desplazas, buscar posibles carreras que tuvieran lugar en las fechas en las que estaría allí. De esta forma el pasado verano tuve ocasión de participar en el EcoTrail del Etna en Sicilia, una de las pruebas que forman parte del circuito de la isla italiana. Además me permitió conocer localidades que difícilmente habría conocido de otra forma, al salirse de los circuitos más turísticos. La carrera partía de un refugio no lejano de Sant'Alfio, y buscando alojamiento vía google maps, encontré Villa Dagala una casona que los propietarios comenzaron a utilizar como casa rural o agriturismo, como dicen los italianos, poco más de un año antes. Un lugar muy tranquilo y realmente próximo al mar y al Etna.

Llegando la víspera de la prueba, nos acercamos a la entrega de dorsales viviendo el curioso episodio de no encontrar a nadie que tuviera idea de la misma hasta unos cuarenta minutos después de la supuesta hora de comienzo de la entrega de dorsales. Luego aparecería el carismático Aldo.

Tras la pequeña presentación que incluía la presencia del alcalde, el cual por cierto no se cortó un pelo en responder al teléfono mientras presentaba la misma, optamos por acercarnos a las localidades costeras cercanas a Catania. Fue toda una experiencia de conducción llegar a Aci Castello con el objetivo de hacer la cena de la pasta para el día siguiente. Pese al intrincado lío de carreteras, señales escondidas, caídas, o ilegibles y tráfico exagerado, de alguna forma llegamos y
tras dar alguna vuelta optamos por una pizzería con vistas, que pese a lo buena de las pizzas tenía un encargado con tan poca educación que abroncaba a sus camareros. La vuelta se alargó un tanto por el increíble tráfico que se monta junto a la costa los viernes y sábados por la noche.

Por la mañana los "cornetos" rellenos y preparados por los caseros para afrontar la subida y bajada sobre las laderas del Etna. El recorrido era de unos 18 km, con una primera parte bastante suave y llana rodeando algunos pequeños cráteres entre un bosque de abedules. Tras este paseito en el que Allan se extrañaba de lo tranquilos que iban los locales, ya se nota el calor, que si bien no es excesivo recalienta. Arrancaba la subida, que conforme ascendía mostraba un paisaje que hacía recordar el paisaje más a los terrenos volcánicos de casa. Terreno en ascenso, beneficiaba mi ritmo y empezaba a rebasar a corredores de llano. La parte más alta del recorrido se convertiría en un risco por el que transitar
con vistas a la izquierda de las impresionantes zonas de lenguas de lava. Desde ahí comenzaría una zona de llaneo y algo de picón hasta llegar a un pequeño repecho que me hizo pensar que ya se terminaba el ascenso.





Con esa ilusión de haber finalizado la subida me lancé disfrutando por una fuerte bajada piconera siguiendo la estela de otro corredor. Tal fue el disfrute que acabamos un buen grupo detenidos al descubrir que el barranquillo por donde descendíamos acababa en un salto demasiado alto como para que fuera parte de la ruta. Vamos que todos nos habíamos pasado alguna de las señales del recorrido, y estaba claro que habría que retroceder y buscar en el lomo de la derecha o de la izquierda.






Tocaba pues volver hacia atrás en ascenso y por suerte después algún minuto de dudas y ver que la mayoría subían por la derecha, observé que por la otra ladera ascendía una persona que creía recordar que había hecho el recorrido el día anterior, así que hice caso a mi memoria y tras remontar un buen pedazo pude volver a encontrar el sendero. Nos esperaba ahora sí continuar el descenso hasta enlazar con las pistas llanas del principio, donde dos triatletas (por lo que decían las camisetas) me pasarían corriendo. Cuando un tercer corredor ya se disponía a adelantarme, tuve fortuna de llegar a la leve subida del último kilómetro que me permitiría volver a distanciarlo, antes de coger el asfalto que me enfilaba hacia la llegada donde ya Allan esperaba desde más de veinte minutos antes. Al final él quedaría segundo y yo tan contento con mi 19 puesto, quinto en mi categoría. El calor no se hizo notar mucho así que tras reponer y esperar a todos preguntamos por recomendaciones para comer y acabamos en Ai Vecchi crateri un bonito y coqueto hotel rural con restaurante donde no tuvieron problema en atendernos tarde.

Pese a que no forme parte de la prueba deportiva, la cercanía de Sant'Alfio a distintas zonas nos llevarían al día siguiente a dirigirnos a Taormina con una previa y refrescante parada en la Gola de Alcantara, tras pasar por zonas de viñedos y ver como el Etna humeaba desde Castiglione di Sicilia. Ya por la tarde visitando laa bonita pero exageradamente turística Taormina, donde respirar cuesta dinero. Para cenar seguimos una recomendación local no muy lejana a Taormina en la Locanda La Scogliera en Sant'Alessio Siculo. Sencillamente espectacular. Comimos lo que la señora quiso, nos habló Aristide de lo que le pareció en dialecto, pero no hubo nada que no estuviera de rechupete.

Al día siguiente dejaríamos la zona, y dejo para otro día comentar otros lugares para dormir, comer y visitar de Sicilia

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martes, noviembre 16, 2010

II Ruta de Doramas

Mi primera participación en esta prueba que tan buenas palabras tenía entre todas aquellas opiniones que escuché de quienes habían participado el año anterior. Me salto la noche de Womad del vierner para dedicar al sueño las horas oportunas después de una semana densa. A priori me gustaba que acabara en subida, y con bajadas no tan complicadas esperaba estar, pese a ser una carrera corta, en el 20% de delante como me había mal acostumbrado este año en la Maratón del Meridiano, Cruzatenerife y Transvulcania.

Para empezar, y después de participar en un par de entrenos con los amigos de Firgas, decido ir sin agua, las distancias entre los avituallamientos eran cortas, las subidas no tan largas, el tiempo no caluroso, mi ritmillo no tan exigente, así que un par de gominolas y una compotita de isostar.


Salida desde la plaza de Firgas a las nueve de la mañana, muchas caras conocidas y buen ambiente. Colocado entre el tercio delantero a la salida, cuando salimos intento no quedarme muy atrás para evitar los tapones que se pueden producir luego en los pasos "difíciles" del barranco, así que salgo un poco, para mí, alegre hasta que comienza la bajada donde evito volverme loco adelantando y me relajo mientras me pasan algunos corredores más apurados. Tardo siempre un buen rato en coger el ritmo y prefiero no ir al que no es el mío. Calculo que pueden ir unos cincuenta por delante. El tiempo es agradable para la carrera y en poco más de diez minutos llegamos al fondo del barranco. Ahí observo que la mayoría de quienes van a mi alrededor siguen manteniendo el ritmo a pesar de que el sendero tira un poco hacia arriba. Tras los primeros compases (vídeo de Antonio), el camino se estrecha y comienza a ser más bonito el entorno, la lluvia ha respetado y apenas hay barro, pero conforme van surgiendo repechitos mínimos cada uno parece ir encontrando su ritmo o ritmillo según se mire.

Me voy sintiendo ya más cómodo, hay caras conocidas Fernando de Carucat, Alberto, Dani. Voy cogiendo algunas ruedas y aprovechando para hacer pequeños adelantamientos, por un momento paso a Fernando y a alguien más, noto que me sigue (foto de Alberto Cardona) y continuo sabiendo que no merece la pena acelerarse por pegarse mucho al de delante cuando estás cerca de los pasos en los que es probable tener que esperar. Así consigo que en los pasos la espera es breve, y arranca la subidita más empinada donde consigo superar a varios participantes, y Fernando a su vez me supera con su ritmo constante e intento seguirle la estela esta vez yo, pero poco a poco me va cogiendo metros. Poco antes del cruce con la carretera, recuerdo a Casimiro con un pinchazo y Jesús, así como Santi con algún problema de gemelos (no sé ni cuantas veces nos veríamos luego Santi y yo). Muchos ánimos en la carretera, Fernandito, Martín, rabadán, Luis de bichillos. Entramos en la zona de eucaliptos, nuestro mapa de orientación en Firgas, y mantengo mi ritmillo mientras Fernando va escapándose poco a poco mientras en la subida superamos a corredores más de llano.



Mucho ambiente en el avituallamiento, bebo (ya que no llevaba agua encima) me echo un vasito para refrescar la cabeza, algo de plátano y a seguir. Fernando no ha parado así que ya se me va claramente. Sé que es una zona cómoda, y distingo no tan lejos a Michael Lord, a quien noto que me voy acercando hasta tenerlo bastante cerca en la carretera. Nuevo trocito de sendero, me alcanza Santi ya recuperado, bajamos un poco más, recuperamos ya por la zona del Agua de Firgas. Las cuestas empiezan a dejarse notar y Santi y yo nos despegamos de Michael (que me dice con una sonrisa "Te arrepentirás ;)") y un par de corredores llegando al nuevo cruce de la carretera (nuevos ánimos) y si no recuerdo mal creo que de nuevo Santi y yo hacemos un intercambio de posiciones tras pasar la carretera.



Hacia el final de la subida empiezo a ver a un, creo, bichillo, la subida se le pega. Ya en la zona más llana disingo a lo lejos a Alario, un triatleta, Paco y Pablo. Pese a que piense que ellos son mejores corredores que yo, noto que voy poco a poco acercándome. Nuevo paso por el avituallamiento, alguno me dice entre cachondeos que ahora llevo mejor cara ( cabritos ;) ), nuevamente beber, un platanito, y nuevo repecho hacia la montaña de Firgas, asumiendo que luego mis contemporáneos probablemente puedan ir más cómodos en la carrera. Sin complejos me acerco a todos ellos y los voy superando, incluso a Paco que iba por delante.



Tras la bajada de asfalto y empezar la acequia, tengo sensaciones de no ir tan ligero como en los entrenos por allí (bien reflejado por Alberto Cardona), y empiezo a pensar que si me desequilibro la castaña será buena buena, está seco y no hay problemas pero noto pisadas que se acercan por detrás.

Al terminar ya en la pista, si no recuerdo mal me pasan Paco, Santi y el bichillo sin problemas. Sencillamente corren más ligeros. No me preocupo y sigo a lo mío esperando que no vayan tan bien cuando cambie el desnivel (y que yo vaya mejor). El comisario con sombrero al pasar me dice puesto 36, casi acierto porque mi dorsal es el 35. Estoy dentro del 20%.

Último control de tiempo, cambia la inclinación y consigo acercarme de nuevo a ellos. Creo que en la subidita a Rosales Paco definitivamente se queda algo más atrás, mientras sin exhibiciones sigo manteniendo mi ritmillo de trote, el trozo de asfalto, la zona de menos encanto de la prueba, y llegamos al último avituallamiento, poco antes nos pasaba como un cohete la camiseta verde del dorsal 77 ciertamente más ligero que los que por allí estábamos. Llegamos al avituallamiento, nuevo beber, refrescarse y salgo el primero de todos. A lo lejos veo a Guillermo Armas.

En la corta bajada se me acerca de nuevo por detrás el corredor de verde que antes me pasaba fácilmente, pero no será hasta el fondo donde lo consiga. Mente tranquila, mantenemos el ritmo, Guille camina, y voy superando a varios corredores que ya caminan. No se me hace largo. Llegando casi al puente de la carretera me pasa otro corredor, dorsal 144, con buen ritmo. ¡Cómo van! Pero poco después hay un repechito duro y veo que todos se ponen a caminar, el de verde, el que me acaba de pasar, y sorpresa está Santi. Yo sin embargo puedo seguir trotanto y me acerco. Entre unas cosas y otras poco antes de comenzar la subida creo que sólo el dorsal 144 está todavía por delante de mí.

¿Podré subir trotando? Tampoco hay necesidad .... nada más empezar, me dice el dorsal 64 (Pablo) "Siempre me coges aquí". Veo gente no muy lejos e intento trotar cuando el terreno es más suave.
Noto que los voy cogiendo. El primero me sorprende, es Fernando del Carucat, parece que va fastidiado. Pero no sería el único, me quedan ganas y sigo intentando adelantar, miro el reloj y empiezo a pensar que puedo llegar antes de las tres horas. Nuevo paso por el objetivo de Alberto Cardona. Poco poco consigo ir superando a todos los corredores que veo, quizás cuatro o cinco en total, pero el último en pasarme en la pista, el dorsal 144, está pegadito a mis talones. Las caras del resto no son de estar reservando mucho ... Estamos llegando, queda la curva con la segunda casa, el zig zag de cemento, falta realmente poquito. Trotar se hace difícil, pero justo antes de acabar es un poco más suave y troto un poco a ver si convenzo a mi perseguidor de que no tiene posibilidades ;).



Llega el llano y puedo seguir trotando, pero cuando entro en el adoquinado y empiezo a querer correr ligero los gemelos se quieren subir. Tirones ahora no ... aflojo, por detrás nadie viene sobrado, y tanteando encuentro un ritmillo no tan parado ... ya que habrá gente haciendo fotos hay que disimular y no dar la impresión de ir al borde. La cosa se suaviza y aunque no puedo acelerar a tope (tampoco hace falta) voy cómodo, animan, llegamos, giro y veo el crono, por encima de 2h55 por unos segundos. No tenía claro que pudiera bajar de tres horas. Al final sorpresa puesto 22, 6º en mi categoría. Parece que desde el último control de tiempo adelante a unos 13 corredores, quizás necesitaba 10 kilómetros más con subidas ;)




En resumen, contento, es una carrera corta que me hace ir más rápido de lo que me gusta, pero muy atractiva por final en subida, que me permite "disfrutar" en la llegada. El ambiente estupendo, el potaje rico, y todo gracias al Club de Montaña de Firgas.

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